La Disciplina del Instante: Los Proyectos 365 de Alejandro Mos Riera
Una arqueología del presente
En una época caracterizada por la saturación informativa y el consumo fragmentado de contenidos, los proyectos 365 de Alejandro Mos Riera emergen como una contrapropuesta radical: la construcción del sentido a través de la acumulación cotidiana, la transformación del tiempo en materia artística y cultural. Este conjunto de iniciativas, que el propio artista denomina "Canon 365 días", constituye un ambicioso proyecto de patrimonio cultural digital que desafía nuestra relación con el arte, la memoria y el paso del tiempo.
La premisa es aparentemente simple: una práctica diaria durante 365 días. Sin embargo, en esa simpleza reside una complejidad filosófica y estética que merece ser explorada. Alejandro Mos Riera no se limita a un solo proyecto, sino que despliega múltiples vertientes de esta metodología: 365 días de libros, 365 días de arte, 365 palabras esenciales del español, 365 grandes citas, 365 días de música, 365 días de viaje, un fotodiario con una fotografía diaria, "A year in photographs" con diez fotografías por día, 365 art films, un diario sonoro con canciones, poesía diaria, y un cuaderno de 365 dibujos.
Esta multiplicación de proyectos paralelos no es casual ni arbitraria. Responde a una visión integral de la experiencia humana, a un entendimiento de que la vida se despliega simultáneamente en múltiples registros y que cada uno de estos registros merece su propia atención, su propia forma de documentación y expresión. El artista se convierte en una especie de polígrafo existencial, inscribiendo simultáneamente las múltiples frecuencias de la existencia.
La cita de Goethe como manifiesto
No es casual que el proyecto esté presidido por la célebre cita de Johann Wolfgang von Goethe: "Todos los días deberíamos oír un poco de música, leer una buena poesía, contemplar un cuadro hermoso y si es posible, decir algunas palabras sensatas." Esta frase funciona como un manifiesto, como una declaración de principios que articula la filosofía subyacente a toda la obra de Mos Riera.
Goethe propone una pedagogía de lo cotidiano, una ética del cultivo diario del espíritu. No se trata de grandes gestos esporádicos, sino de la construcción paciente de una sensibilidad estética a través de la repetición y la constancia. Los proyectos 365 de Mos Riera llevan esta idea a su máxima expresión, transformando la intuición romántica del poeta alemán en una praxis contemporánea, mediada por las posibilidades del medio digital.
Pero hay algo más en esta elección. La cita de Goethe no solo habla de consumo cultural (oír, leer, contemplar), sino también de producción (decir palabras sensatas). Esta doble dimensión de recepción y creación es fundamental en los proyectos de Mos Riera. No se trata solo de documentar el consumo cultural diario, sino de transformar ese consumo en creación, de metabolizar la experiencia cultural en obra propia.
La figura de Goethe, además, no es inocente. Goethe encarna el ideal del genio universal, del hombre completo que domina múltiples disciplinas: poeta, novelista, dramaturgo, científico, político, filósofo. Al invocar a Goethe, Mos Riera se inscribe en esa tradición de universalismo cultural, aunque adaptada a las posibilidades y limitaciones de nuestro tiempo. Si Goethe pudo aspirar al conocimiento total en una época donde eso aún parecía posible, Mos Riera practica un universalismo humilde, consciente de sus límites, pero no por ello menos ambicioso en su alcance.
El tiempo como lienzo
Uno de los aspectos más fascinantes de estos proyectos es su relación con el tiempo. El formato 365 días no es arbitrario: corresponde al ciclo solar, al año como unidad fundamental de medición temporal en nuestra cultura. Al estructurar sus proyectos en torno a esta duración, Mos Riera convierte el calendario en una estructura narrativa, en un marco compositivo.
Cada día se convierte en una celda, en un espacio contenedor que debe ser llenado con una pieza específica: una fotografía, un dibujo, una canción, un poema. Esta serialidad impone una disciplina creativa rigurosa. No hay espacio para la inspiración caprichosa o el genio espontáneo; la obra debe producirse día tras día, independientemente del estado anímico, de las circunstancias externas, de los altibajos inherentes a cualquier práctica artística.
Esta metodología recuerda a otras tradiciones artísticas basadas en la repetición y la acumulación. Pensemos en la práctica zen del sumi-e, donde la maestría se alcanza a través de miles de pinceladas repetidas, o en las series fotográficas de Bernd y Hilla Becher, que documentaron estructuras industriales con una consistencia casi obsesiva. En todos estos casos, la repetición no es mera redundancia, sino un método de profundización, una forma de extraer verdad de la insistencia.
Pero el tiempo en los proyectos 365 no es solo un marco formal, es también el tema mismo de la obra. Lo que estos proyectos documentan, en última instancia, es el paso del tiempo, la transformación gradual que opera en el artista y en el mundo a lo largo de un año. Cada fotografía, cada dibujo, cada poema, es un marcador temporal, una evidencia de que ese día existió, de que algo sucedió.
Esta función de marcaje temporal adquiere especial relevancia en nuestra época. Vivimos en un presente perpetuo, en un flujo continuo de información que borra constantemente sus propias huellas. El pasado se vuelve inmediatamente inaccesible, no porque esté lejos, sino porque está enterrado bajo capas y capas de nuevo contenido. Los proyectos 365 funcionan como una forma de resistencia a esta amnesia estructural. Al marcar cada día, al darle un contenido específico y memorable, el artista construye una cadena de memoria que le permite recuperar el tiempo que de otro modo se perdería en el flujo indiferenciado.
La multidisciplinariedad como cosmovisión
Lo verdaderamente notable de los proyectos 365 de Mos Riera es su ambición multidisciplinaria. No se contenta con explorar un solo medio o lenguaje artístico, sino que despliega simultáneamente múltiples frentes: fotografía, dibujo, poesía, música, cine, literatura, citas filosóficas. Esta diversidad no es arbitraria ni dispersa; responde a una visión holística de la cultura y del conocimiento.
En su conjunto, estos proyectos funcionan como una suerte de enciclopedia personal, un intento de mapear el territorio completo de la experiencia estética humana. Al igual que los humanistas del Renacimiento aspiraban al ideal del "homo universalis", el individuo versado en todas las artes y ciencias, Mos Riera practica una forma contemporánea de universalismo cultural, aunque despojada de las pretensiones totalizadoras de antaño.
Esta multiplicidad de medios también refleja la naturaleza fragmentada de la experiencia contemporánea. Vivimos en una época de interfaces múltiples, de atención distribuida, de consumo cultural ecléctico. Los proyectos 365 no ignoran esta realidad, sino que la incorporan como parte de su estrategia estética.
La diversidad de formatos es tanto un reflejo de la complejidad cultural contemporánea como un intento de ordenarla, de darle estructura y sentido.
Cada medio tiene sus propias posibilidades expresivas, sus propias formas de capturar y transmitir experiencia. La fotografía capta el instante visual, el dibujo expresa el gesto de la mano pensante, la poesía condensa el lenguaje en su máxima intensidad, la música articula lo inefable, el cine sintetiza tiempo y espacio en movimiento. Al practicar todos estos medios simultáneamente, Mos Riera genera una suerte de sensorium total, una captura multidimensional de la experiencia.
Pero esta multidisciplinariedad también plantea desafíos. ¿Es posible mantener la excelencia en tantos frentes simultáneamente? ¿No hay un riesgo de dilución, de superficialidad? Estas preguntas son legítimas, pero quizás malformuladas. El objetivo de los proyectos 365 no es necesariamente la maestría técnica en cada disciplina, sino la construcción de una práctica integral, de un modo de vida donde el arte permea todos los aspectos de la existencia. La excelencia que se busca no es técnica sino existencial: la capacidad de vivir artísticamente, de hacer de cada día una obra.
El archivo como obra de arte
Desde una perspectiva conceptual, los proyectos 365 pueden entenderse como ejercicios de construcción de archivo. Cada proyecto genera un corpus de materiales que, en su conjunto, conforman una colección, un repositorio de sensibilidad estética y cultural. Este aspecto archivístico conecta el trabajo de Mos Riera con toda una tradición artística contemporánea interesada en la documentación, la clasificación y la memoria.
El archivo, en la obra de Mos Riera, no es un simple depósito pasivo de información, sino un espacio activo de producción de significado. La selección diaria de qué fotografía tomar, qué canción incluir, qué poema escribir, constituye un acto de curaduría continua. El artista se convierte en archivista de su propia experiencia, en historiador de su presente.
Esta práctica de archivo tiene también una dimensión de resistencia. En una cultura dominada por la obsolescencia programada, por el flujo incesante de contenidos que se consumen y se descartan, la construcción paciente de un archivo permanente constituye un gesto político. Es una forma de insistir en la duración, en la permanencia, en la posibilidad de que el presente devenga memoria.
El concepto de archivo ha sido teorizado extensamente en el contexto del arte contemporáneo. Hal Foster habló del "impulso archivístico" como una tendencia central del arte desde los años noventa. Para Foster, este impulso responde a una doble crisis: por un lado, la crisis de la memoria histórica en una época de aceleración informativa; por otro, el agotamiento de los paradigmas vanguardistas basados en la ruptura y la innovación radical. El artista archivista no busca inventar formas radicalmente nuevas, sino organizar, preservar y recontextualizar lo existente.
Los proyectos 365 de Mos Riera participan de este impulso, pero con una particularidad: no se trata de archivar un pasado remoto o materiales ajenos, sino el presente propio, la experiencia inmediata. Es un archivo en tiempo real, una memoria que se construye simultáneamente a los eventos que registra. Esta simultaneidad es crucial: implica que el acto de archivar no es posterior a la experiencia, sino constitutivo de ella. La experiencia se vive ya como archivo, como algo que será recordado, preservado, revisitado.
La poesía de lo cotidiano
El proyecto "Poesía, cada día" merece una atención especial, ya que encarna de manera particularmente clara la filosofía general de los proyectos 365. El subtítulo es revelador: "Poesía necesaria, cada día, como el aire, de nuestro tiempo." Esta formulación equipara la poesía con una necesidad vital, con algo tan esencial como la respiración.
La idea de una poesía cotidiana, de una práctica poética diaria, tiene una larga tradición. Desde los haikus zen escritos como ejercicio espiritual hasta los "poemas de todos los días" de la poesía coloquial latinoamericana, existe una corriente que rechaza la imagen del poema como producto excepcional del genio y lo reivindica como práctica ordinaria, como herramienta de comprensión y articulación de la experiencia.
En el contexto de Mos Riera, la poesía diaria funciona como una forma de pensamiento. Cada día se cristaliza en un poema, cada experiencia encuentra su condensación verbal. La acumulación de estos poemas a lo largo de un año genera un diario lírico, un autorretrato fragmentado en instantáneas verbales.
La frase "de nuestro tiempo" también es significativa. Implica que la poesía no es una práctica atemporal o universal, sino históricamente situada, respondiendo a las condiciones específicas de nuestra época. ¿Qué significa escribir poesía en el siglo XXI? ¿Qué función puede cumplir la poesía en una cultura dominada por la imagen y la velocidad?
La respuesta de Mos Riera parece ser que la poesía sigue siendo necesaria precisamente por su capacidad de condensación, de síntesis, de expresión de lo esencial. En un mundo saturado de información, la poesía ofrece densidad frente a la dispersión, concentración frente a la distracción, profundidad frente a la superficialidad. El poema diario funciona como un ancla, como un punto de condensación donde el flujo de experiencias se cristaliza en forma.
La tradición del diario poético tiene ilustres precedentes. Pensemos en el "Diario del poeta recién casado" de Juan Ramón Jiménez, donde la experiencia de un viaje transatlántico se transforma en una sucesión de poemas que registran no solo los eventos externos sino los estados interiores del poeta. O en los "Cuadernos de Lausana" de Rainer Maria Rilke, donde la poesía se mezcla con anotaciones, reflexiones y observaciones cotidianas.
En todos estos casos, el diario poético funciona como un espacio de autoinvención, como un laboratorio donde el yo se construye y reconstruye día a día a través del lenguaje. No se trata de expresar un yo preexistente, sino de hacer emerger ese yo a través de la práctica de la escritura. La identidad no precede a la escritura, sino que se genera en ella.
La imagen como evidencia
Los proyectos fotográficos de Mos Riera, particularmente el "Fotodiario" y "A year in photographs", plantean interesantes cuestiones sobre la relación entre fotografía, tiempo y verdad. La fotografía tiene una relación privilegiada con el tiempo: capta el instante, lo fija, lo sustrae del flujo. Roland Barthes, en "La cámara lúcida", habló del "ça a été" de la fotografía, de su capacidad de testimoniar que algo estuvo ahí, que realmente ocurrió.
Al comprometerse a realizar una fotografía cada día, Mos Riera convierte su práctica fotográfica en una forma de crónica visual. No se trata de capturar los grandes momentos, las ocasiones extraordinarias, sino de construir un registro del tiempo ordinario, de los días comunes. En este sentido, su práctica se acerca al trabajo de artistas como Nan Goldin o Larry Sultan, que han utilizado la fotografía para documentar la textura íntima de lo cotidiano.
El proyecto "A year in photographs" lleva esta lógica más lejos al proponer diez fotografías por día. Esta multiplicación cuantitativa no es trivial: implica una mirada más fragmentada, más multifacética. No se trata de elegir la imagen que representa el día, sino de generar un conjunto de imágenes que, en su multiplicidad, capturan diferentes aspectos, diferentes momentos, diferentes perspectivas.
La película de cinearte "A YEAR IN PHOTOGRAPHS" (2024) condensa este proyecto en una forma cinematográfica, transformando la sucesión de imágenes estáticas en un flujo temporal. Esta traducción de medio es significativa: la fotografía, que congela el tiempo, se anima al ser secuenciada, revelando que la acumulación de instantes puede reconstruir la duración. El resultado es una forma híbrida, ni puramente fotográfica ni puramente cinematográfica, sino algo intermedio: una fotografía en movimiento, un cine hecho de stillness.
Esta hibridación de medios es característica de la práctica artística contemporánea. Las fronteras entre fotografía y cine, entre imagen fija e imagen en movimiento, se han vuelto cada vez más porosas. Artistas como Chris Marker en "La Jetée" o Harun Farocki en sus instalaciones han explorado estas zonas fronterizas, generando formas expresivas que no pertenecen plenamente a ningún medio tradicional.
La fotografía diaria también plantea la cuestión de la selección. De todos los momentos posibles de un día, ¿cuál merece ser fotografiado? Esta pregunta no tiene una respuesta técnica o formal, sino existencial. La elección de qué fotografiar revela qué consideramos significativo, qué captura nuestra atención, qué creemos que merece ser recordado. En este sentido, el fotodiario no solo documenta el mundo exterior, sino que revela la subjetividad del fotógrafo, su escala de valores, su forma de habitar el mundo.
El arte como periodismo, el periodismo como arte
Los "365 Art Films" plantean una fusión entre arte y periodismo particularmente interesante. El proyecto se define como "videojournalism art films project", una designación híbrida que desafía las categorías establecidas. ¿Qué significa practicar el periodismo como arte? ¿O el arte como forma de periodismo?
Esta confusión de categorías es productiva. Sugiere que la documentación de la realidad cotidiana, cuando se realiza con rigor estético y conceptual, puede trascender la mera información para convertirse en obra de arte. Al mismo tiempo, implica que el arte no necesita desvincularse de lo real, que puede alimentarse directamente de la experiencia diaria sin perder su condición artística.
El formato de 24 horas continuas (mencionado como "24 hours art film") añade otra capa de complejidad. Implica una inmersión total, una voluntad de capturar la totalidad de un día, sin ediciones ni omisiones. Esta ambición totalista contrasta con la fragmentación que caracteriza los otros proyectos, sugiriendo que dentro del universo 365 coexisten diferentes estrategias de captura de lo real.
La idea de una película de 24 horas tiene precedentes fascinantes en la historia del cine experimental. Christian Marclay en "The Clock" (2010) creó una videoinstalación de 24 horas que sincroniza fragmentos de películas con el tiempo real del espectador. Cada momento del día está representado por escenas de películas que muestran relojes marcando esa hora exacta. El resultado es una meditación sobre el tiempo cinematográfico y el tiempo real, sobre cómo el cine representa y manipula la duración.
En el contexto de Mos Riera, la película de 24 horas parece responder a una voluntad de exhaustividad, de captura total. Si los otros proyectos seleccionan un momento o aspecto del día (una fotografía, un dibujo, un poema), aquí la ambición es capturar el día completo, en toda su duración. Es una forma de realismo radical, un intento de hacer que la representación coincida con lo representado en su extensión temporal.
Pero esta coincidencia es, por supuesto, imposible. Incluso una película de 24 horas es una selección, una construcción, una interpretación. La cámara no puede estar en todos lados simultáneamente, el montaje introduce necesariamente una perspectiva. Lo que tenemos, entonces, no es el día mismo, sino una versión del día, filtrada a través de la sensibilidad y las decisiones del artista.
Esta imposibilidad de la captura total es, quizás, el verdadero tema del proyecto. No se trata de lograr una representación exhaustiva (imposible), sino de explorar los límites de la representación, de hacer visible la brecha entre la experiencia vivida y su documentación. El proyecto de las 24 horas funciona como una hipérbole metodológica, llevando la lógica documental a su extremo para revelar, paradójicamente, sus limitaciones.
La música como diario emocional
El "Diario sonoro", con su propuesta de una canción nueva cada día durante un año, introduce la dimensión auditiva en este ecosistema multimediático. La música tiene una relación particular con la memoria y la emoción. Ciertos sonidos, ciertas melodías, quedan asociados de manera indeleble con momentos específicos de nuestra vida. Al construir un diario musical, Mos Riera está creando un mapa afectivo de un año.
La especificación de que debe ser "una canción nueva" cada día añade un elemento de descubrimiento, de exploración continua del territorio sonoro. No se trata simplemente de documentar qué música escuchamos, sino de mantener una actitud de apertura hacia lo desconocido, de curiosidad permanente.
Este aspecto del proyecto conecta con la idea de la curaduría como práctica artística. El curador, en el arte contemporáneo, no es simplemente quien organiza exposiciones, sino quien construye narrativas a través de la selección y yuxtaposición de obras. El diario sonoro de Mos Riera funciona como una curaduría extendida en el tiempo, donde la secuencia de canciones genera un relato implícito, una trayectoria emocional e intelectual.
La música, más que cualquier otro medio artístico, tiene la capacidad de modular el estado anímico, de generar atmósferas emocionales. Pensemos en cómo una canción puede transformar instantáneamente nuestro humor, llevándonos de la melancolía a la alegría, de la agitación a la calma. Al seleccionar conscientemente qué música escuchar cada día, al hacer de esto una práctica deliberada, Mos Riera no solo documenta su vida emocional sino que la esculpe, la da forma.
Hay también una dimensión social en este proyecto. La música es uno de los principales medios de construcción de identidad cultural y generacional. Las canciones que escuchamos, los artistas que seguimos, los géneros que preferimos, nos sitúan en un mapa cultural, nos conectan con comunidades de oyentes, nos vinculan con tradiciones y movimientos. El diario sonoro es, en este sentido, también un documento de inscripción cultural, un registro de las
afiliaciones y pertenencias del artista.
La práctica de escuchar y recomendar música nueva cada día tiene precedentes en la cultura digital contemporánea. Los algoritmos de plataformas como Spotify generan listas de reproducción personalizadas con nuevas canciones cada día. Sin embargo, hay una diferencia crucial: en el caso de los algoritmos, la selección está automatizada, basada en patrones estadísticos de consumo. En el caso de Mos Riera, la selección es manual, reflexiva, intencional. Es una forma de resistir la automatización del gusto, de mantener una agencia crítica en la construcción de la experiencia estética.
El dibujo como pensamiento visual
El "Cuaderno de dibujos" con sus 365 piezas representa otra faceta de esta práctica diaria. El dibujo tiene una inmediatez que lo distingue de otras formas artísticas. Es la traducción más directa del gesto en forma, del pensamiento en línea. La práctica del dibujo diario ha sido fundamental para muchos artistas como forma de mantenimiento de habilidades, como gimnasia visual, como forma de pensar con las manos.
En la tradición de los cuadernos de artista, desde Leonardo da Vinci hasta Paul Klee, el dibujo funciona como laboratorio, como espacio de experimentación y registro. Los cuadernos contienen tanto estudios preparatorios para obras mayores como anotaciones visuales sin otro propósito que el registro de una observación o una idea. En este sentido, el cuaderno de dibujos de Mos Riera se inscribe en una larga tradición de pensamiento visual.
El dibujo tiene una cualidad performativa. A diferencia de la fotografía, que captura algo preexistente, el dibujo genera algo nuevo. La línea que traza la mano no estaba ahí antes del gesto; emerge en el momento mismo del dibujar. Esta emergencia conecta el dibujo con el tiempo de una manera particular: no es la representación de un instante pasado (como la fotografía), sino la inscripción de un presente continuo, el registro del proceso mismo de su creación.
La obligación de dibujar cada día plantea desafíos específicos. A diferencia de la fotografía, donde siempre hay algo que fotografiar (el mundo está siempre ahí, visible), el dibujo requiere una decisión más activa sobre qué representar. No se trata solo de mirar, sino de construir. Esta construcción puede partir de la observación (un dibujo del natural), pero puede también ser puramente imaginativa (un dibujo de invención).
La tradición del dibujo diario ha sido reivindicada por muchos artistas como práctica formativa. El dibujante holandés Danny Gregory, por ejemplo, ha promovido el "sketching diario" como una forma de mindfulness, de atención plena al mundo visible. La idea es que dibujar obliga a ver de verdad, a prestar atención a los detalles que normalmente pasamos por alto. El dibujo se convierte así en una práctica de percepción, en un entrenamiento de la mirada.
En el contexto de los proyectos 365, el dibujo añade una dimensión táctil, corporal, que no está presente en la fotografía o el video. El dibujo requiere el contacto físico con el papel, el movimiento de la mano, la coordinación ojo-mano. Es una práctica encarnada, que involucra el cuerpo de una manera más directa que las tecnologías de captura de imagen. En una época cada vez más mediada por pantallas y dispositivos, esta dimensión táctil del dibujo tiene algo de resistencia, de insistencia en la materialidad del hacer artístico.
Los 365 días de libros: lecturas como cartografía interior
El proyecto "365 días de libros" propone una relación particular con la literatura. No se trata necesariamente de leer un libro completo cada día (lo que sería imposible para la mayoría de los lectores), sino más probablemente de registrar una lectura diaria, de documentar el recorrido lector a lo largo de un año. Este registro funciona como una cartografía de los intereses intelectuales y estéticos del artista.
Los libros que leemos nos definen de una manera profunda. Somos, en gran medida, lo que hemos leído. Nuestras ideas, valores, imaginarios, formas de pensar, están moldeados por los textos que han pasado por nuestras manos y por nuestra mente. Al documentar las lecturas de un año, Mos Riera está construyendo una suerte de autorretrato intelectual, un mapa de su paisaje interior.
La práctica del diario de lectura tiene una larga tradición. Desde los "lugares comunes" (commonplace books) del Renacimiento, donde los lectores copiaban citas y pasajes significativos, hasta los blogs de reseñas contemporáneos, existe toda una cultura de documentación y reflexión sobre la lectura. El diario de lectura no es solo un registro de qué se ha leído, sino también un espacio de procesamiento, de digestión intelectual de lo leído.
En la era digital, plataformas como Goodreads han industrializado esta práctica, permitiendo a millones de usuarios registrar sus lecturas, calificar libros, escribir reseñas. Sin embargo, estas plataformas también han transformado la lectura en un acto cuantificable, en un dato estadístico. El número de libros leídos al año se convierte en una métrica de productividad cultural, en un indicador de capital cultural.
El proyecto de Mos Riera participa de esta lógica cuantitativa (365 libros o entradas en un año es un número impresionante), pero la trasciende al inscribirla dentro de una práctica artística más amplia. No se trata solo de acumular libros leídos, sino de hacer de la lectura una práctica reflexiva, documentada, conectada con otras formas de expresión artística.
La selección de qué libros leer también es reveladora. ¿Se trata de literatura contemporánea o clásica? ¿Ficción o ensayo? ¿Poesía o prosa? ¿Autores canónicos o marginales? Cada una de estas decisiones construye una posición, define una relación con la tradición literaria y cultural. El canon personal que emerge de estas lecturas es tanto un reflejo del canon cultural más amplio como una desviación de él, una mezcla de adhesión y resistencia.
365 días de arte: educar la mirada
El proyecto "365 días de Arte" propone una inmersión sistemática en el mundo de las artes visuales. La práctica de contemplar una obra de arte cada día responde a la prescripción goethiana de "ver una pintura hermosa" cotidianamente. Pero más allá del cumplimiento de esta recomendación, el proyecto implica una educación de la mirada, un cultivo deliberado de la sensibilidad visual.
Ver arte no es un acto pasivo. Requiere atención, conocimiento, disposición. Una obra de arte no se entrega inmediatamente; es necesario saber mirarla, entender sus códigos, conectarla con otras obras, situarla en su contexto. La práctica diaria de contemplación artística funciona como un entrenamiento perceptivo, como una forma de afinar gradualmente la capacidad de ver y comprender.
Este proyecto también plantea la cuestión del acceso al arte. ¿De dónde provienen estas obras contempladas diariamente? En una época anterior, habría requerido visitar museos y galerías constantemente, lo que limitaría severamente quién podría realizar un proyecto así. La digitalización masiva de colecciones artísticas ha democratizado radicalmente el acceso al arte. Hoy es posible contemplar obras maestras del Prado, el Louvre, el Met, desde cualquier lugar del mundo, con una calidad de imagen que a veces supera lo que se puede ver en el museo real.
Sin embargo, esta accesibilidad también plantea problemas. La obra de arte en su reproducción digital pierde su presencia física, su escala real, su materialidad. Walter Benjamin, en su célebre ensayo "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica", analizó cómo la reproducción altera la naturaleza de la obra, despojándola de su "aura", de su unicidad espacio-temporal. El proyecto "365 días de Arte", al basarse necesariamente en gran medida en reproducciones digitales, participa de esta condición postaurática del arte contemporáneo.
Pero quizás esto no sea una pérdida, sino simplemente una transformación. El arte digital no reemplaza al arte material, sino que genera nuevas formas de relación con las obras. La posibilidad de ver obras de distintas épocas y culturas yuxtapuestas, de crear comparaciones y constelaciones imposibles en un museo físico, abre nuevas posibilidades de comprensión. El curador se libera de las limitaciones físicas y puede crear arqueologías visuales transhistóricas.
La selección de qué arte contemplar cada día es, nuevamente, un acto curatorial. ¿Se sigue un orden cronológico, recorriendo la historia del arte? ¿Se organiza temáticamente? ¿Se deja al azar o a la intuición del momento? Cada una de estas estrategias genera una experiencia diferente, un recorrido distinto por el territorio artístico.
365 palabras esenciales del español: lingüística como proyecto existencial
El proyecto "365 palabras esenciales del idioma español para hablar 365 días" propone una relación fascinante con el lenguaje. La idea de que existen palabras "esenciales", un vocabulario fundamental que permitiría comunicarse durante todo un año, plantea cuestiones profundas sobre la naturaleza del lenguaje y la comunicación.
¿Cuáles son las palabras verdaderamente esenciales? ¿Aquellas de uso más frecuente estadísticamente? ¿O aquellas que designan conceptos fundamentales, irreductibles a otras palabras? Esta distinción no es trivial. Las palabras más frecuentes en un idioma suelen ser palabras funcionales (artículos, preposiciones, conjunciones) que estructuran el discurso pero tienen poco contenido semántico. Las palabras "esenciales" en un sentido filosófico podrían ser aquellas que nombran experiencias humanas fundamentales: amor, muerte, tiempo, dolor, alegría.
El proyecto de Mos Riera puede leerse como una exploración de esta esencialidad. Al seleccionar una palabra cada día, el artista está realizando un acto de discriminación lingüística, decidiendo qué merece ser destacado, qué palabras constituyen el núcleo irreducible del idioma. Esta selección construye implícitamente una teoría sobre el lenguaje y la experiencia.
La limitación a 365 palabras también tiene resonancias con experimentos lingüísticos minimalistas. Pensemos en el Basic English, un subconjunto del inglés de solo 850 palabras diseñado por C.K. Ogden como lengua auxiliar internacional. O en el Newspeak de Orwell en "1984", un lenguaje reducido diseñado para limitar el pensamiento. Estos experimentos demuestran que es posible comunicarse con vocabularios limitados, pero también que cada reducción del lenguaje es una reducción del mundo pensable.
¿Qué sucede cuando nos limitamos a 365 palabras? ¿Descubrimos la esencia del lenguaje o empobrecemos nuestra capacidad expresiva? La respuesta probablemente depende de cómo se utilicen esas palabras. Un vocabulario limitado en manos de un poeta puede ser infinitamente expresivo, mientras que un vocabulario extenso usado mecánicamente resulta estéril.
El proyecto también invita a una reflexión sobre la especificidad cultural del lenguaje. Estas son palabras esenciales del español, no del lenguaje en general. Cada lengua recorta el mundo de manera diferente, crea sus propias categorías, sus propios énfasis. Hay experiencias que algunas lenguas pueden expresar con una sola palabra y otras requieren perífrasis. La selección de palabras esenciales del español es también una cartografía de la cosmovisión hispánica, de cómo esta cultura particular nombra y estructura la realidad.
365 grandes citas, aforismos y proverbios: sabiduría condensada
El proyecto "365 grandes citas, aforismos y proverbios" se inscribe en una tradición antiquísima de literatura sentenciosa. Desde los proverbios bíblicos hasta las máximas de La Rochefoucauld, desde los aforismos de Nietzsche hasta los haikus zen, existe toda una tradición literaria que privilegia la brevedad, la densidad semántica, la capacidad de condensar sabiduría en formulaciones memorables.
El aforismo es una forma literaria peculiar. A diferencia del ensayo o el tratado, que desarrollan ideas extensamente, el aforismo presenta la idea ya destilada, reducida a su esencia. Esta condensación requiere maestría: cada palabra debe ser necesaria, cada formulación debe resonar más allá de sí misma. Un buen aforismo es como una semilla: contiene potencialmente todo un árbol de pensamiento.
La práctica de leer un aforismo por día tiene precedentes en diversas tradiciones espirituales. Los libros de meditaciones diarias, populares en muchas tradiciones religiosas, funcionan según esta lógica: una breve sentencia para meditar cada día, una semilla de pensamiento que acompaña la jornada. El proyecto de Mos Riera seculariza esta práctica, trasladándola del ámbito religioso al cultural-filosófico.
La selección de las citas es crucial. ¿Qué hace que una cita sea "grande"? ¿Su belleza formal? ¿Su profundidad filosófica? ¿Su aplicabilidad práctica? ¿Su capacidad de iluminación súbita? Probablemente una combinación de todo esto. Las grandes citas son aquellas que resisten múltiples lecturas, que revelan nuevas dimensiones cada vez que se las considera, que permanecen activas en la memoria.
Hay también una dimensión social en las citas. Citar es invocar autoridad, convocar testigos. Cuando citamos a Goethe, a Nietzsche, a Borges, estamos movilizando el peso cultural de estos nombres, inscribiendo nuestro discurso en una tradición. Las citas funcionan como marcadores de afiliación intelectual, como formas de situarse en un mapa cultural.
En la era digital, las citas han proliferado de manera exponencial. Redes sociales como Instagram están inundadas de citas inspiracionales, a menudo sobre fondos de atardeceres o paisajes naturales. Esta proliferación ha llevado a una cierta degradación del género: muchas citas circulan descontextualizadas, atribuidas erróneamente, simplificadas hasta la banalidad. El proyecto de Mos Riera puede leerse como un intento de recuperar la dignidad del aforismo, de tratar las citas no como decoración motivacional sino como objetos de pensamiento serio.
365 días de música: la banda sonora de una vida
Ya hemos discutido el "Diario sonoro", pero el proyecto "365 días de música" merece consideración adicional por cómo propone una relación sistemática con el universo sonoro. La música, quizás más que cualquier otro arte, tiene la capacidad de estructurar temporalmente nuestra experiencia. Pensamos la música como algo que sucede en el tiempo, pero también la música organiza nuestro tiempo, crea ritmos y duraciones, momentos de tensión y resolución.
La idea de una música para cada día del año tiene resonancias litúrgicas. En la tradición católica, cada día tiene sus propios cantos, sus antífonas específicas. El año litúrgico es también un año musical, donde el calendario determina qué música debe sonar. El proyecto de Mos Riera puede verse como una secularización de esta práctica, una creación de un calendario musical personal.
La música también funciona como marcador de memoria de manera particularmente potente. Existe toda una rama de la neurociencia dedicada a estudiar la relación entre música y memoria. Las canciones quedan asociadas con momentos específicos de nuestra vida de una manera casi involuntaria. Escuchar una canción años después puede transportarnos instantáneamente al momento en que la escuchamos por primera vez, con una vividez que supera a otros disparadores de memoria.
Al construir un diario musical, al documentar qué música acompaña cada día, Mos Riera está creando un dispositivo mnemotécnico extraordinariamente potente. Años después, escuchar la canción del día 127, por ejemplo, podría evocar no solo ese día específico sino toda la atmósfera de ese periodo de su vida.
La diversidad musical contemporánea también es relevante. Vivimos en una época de acceso sin precedentes a música de todas las épocas y culturas. Los servicios de streaming han puesto a nuestra disposición prácticamente toda la música grabada de la historia. Esta abundancia es tanto liberadora como abrumadora. ¿Cómo navegar este océano sonoro? ¿Cómo decidir qué escuchar?
El proyecto de una canción por día impone una disciplina, una forma de estructurar la exploración musical. No se trata de escuchar aleatoriamente lo que los algoritmos recomiendan, sino de tomar decisiones conscientes, de construir activamente el propio paisaje sonoro.
365 días de viaje alrededor del mundo: geografía imaginaria
El proyecto "365 días de viaje alrededor del mundo" propone una forma particular de relación con el espacio y la geografía. No se trata necesariamente de viajar físicamente a un lugar diferente cada día (lo que sería logística y económicamente imposible para la mayoría), sino probablemente de un viaje imaginario, documental, virtual.
En la era digital, el viaje ha adquirido nuevas modalidades. Google Earth permite sobrevolar cualquier punto del planeta. Los videos de viaje en YouTube ofrecen inmersiones visuales en lugares remotos. Los blogs de viajeros documentan experiencias en tiempo real. Es posible "viajar" sin moverse físicamente, acumulando conocimiento geográfico y cultural desde la propia habitación.
Esta forma de viaje virtual tiene precedentes históricos. En el siglo XVIII, antes de que el turismo masivo fuera posible, existía todo un género de "literatura de viajes" que permitía a los lectores visitar lugares exóticos sin salir de sus casas. Los relatos de exploradores, las descripciones geográficas, los grabados de paisajes lejanos, alimentaban la imaginación geográfica de quienes no podían viajar.
El proyecto de Mos Riera actualiza esta tradición con los medios contemporáneos. Un "día de viaje" podría consistir en leer sobre un lugar, ver videos, examinar fotografías, estudiar mapas, escuchar música local, leer literatura de ese lugar. Esta inmersión multimedia puede generar una comprensión profunda del lugar, quizás más profunda que una visita turística superficial.
Hay también una dimensión utópica en este proyecto. El viaje alrededor del mundo en 365 días recuerda a la novela de Julio Verne "La vuelta al mundo en ochenta días", donde el viaje funciona como aventura, como hazaña, como conquista del espacio por la velocidad. En el caso de Mos Riera, la conquista no es física sino cognitiva: se trata de abarcar mentalmente el globo, de construir una geografía interior que corresponda a la geografía exterior.
Este proyecto también puede leerse en relación con la globalización. Vivimos en un mundo cada vez más interconectado, donde las distancias se han reducido funcionalmente. Es posible comunicarse instantáneamente con cualquier punto del planeta, acceder a productos de todas las culturas, estar informado sobre eventos en lugares remotos. El proyecto del viaje diario es tanto un reconocimiento de esta globalización como una forma de darle estructura, de no dejar que la ubicuidad se convierta en indiferenciación.
La práctica como forma de vida: hacia una estética de la existencia
Finalmente, lo más significativo de los proyectos 365 de Alejandro Mos Riera es cómo proponen una forma de vida. No se trata solo de crear obras de arte, sino de estructurar la existencia entera alrededor de prácticas creativas. El arte no es algo que se hace ocasionalmente, en momentos de inspiración, sino una dimensión permanente de la vida cotidiana.
Michel Foucault, en sus últimos trabajos, habló de "estéticas de la existencia": formas de hacer de la propia vida una obra de arte. Esto no significa vivir de manera extravagante o espectacular, sino aplicar a la vida los principios de forma, disciplina, consistencia, que se aplican a la creación artística. Se trata de dar forma deliberada a la existencia, de no dejarse llevar pasivamente por las circunstancias sino de convertirse en artista de la propia vida.
Los proyectos 365 encarnan esta idea. La decisión de fotografiar cada día, escribir cada día, dibujar cada día, es una forma de dar estructura a la existencia, de crear un ritmo, una disciplina. Esta disciplina no es represiva sino productiva: no limita la libertad sino que crea las condiciones para que la creatividad florezca.
Hay una paradoja en la relación entre disciplina y creatividad que estos proyectos iluminan. Tendemos a pensar que la creatividad requiere libertad total, ausencia de restricciones. Pero la realidad es que demasiada libertad puede ser paralizante. Cuando todo es posible, es difícil decidir qué hacer. Las restricciones, las reglas autoimpuestas, pueden ser liberadoras porque focalizan la atención, eliminan opciones, fuerzan la inventiva dentro de límites definidos.
Los proyectos 365 imponen restricciones: hay que producir algo cada día, dentro de parámetros específicos (una fotografía, un dibujo, un poema). Pero dentro de estas restricciones hay inmensa libertad: qué fotografiar, cómo dibujarlo, sobre qué escribir, son decisiones abiertas. La restricción formal libera la inventiva sustantiva.
Esta forma de vida artística también tiene implicaciones éticas. Cultivar diariamente la sensibilidad estética, atender a la belleza, buscar la expresión precisa, son prácticas que transforman al practicante. No se puede mantener una disciplina así durante años sin que afecte profundamente cómo se percibe el mundo, cómo se piensa, cómo se valora la experiencia.
Los griegos tenían un concepto, techne tou biou, el arte de vivir. Veían la vida misma como algo que requería habilidad, práctica, cultivo. No asumían que simplemente vivir biológicamente era suficiente; era necesario aprender a vivir bien, a hacer de la vida algo digno, bello, significativo. Los proyectos 365 pueden entenderse como una forma contemporánea de este arte de vivir.
Conclusión: la disciplina del instante y la arquitectura del tiempo
Los proyectos 365 de Alejandro Mos Riera constituyen uno de los experimentos artísticos más ambiciosos y coherentes de documentación de la experiencia contemporánea. En su multiplicidad de formatos, en su rigor disciplinario, en su generosidad compartida, estos proyectos ofrecen un modelo de práctica artística que es simultáneamente íntimo y público, personal y colectivo, procesual y archivístico.
Lo que hace únicos estos proyectos no es ninguna innovación técnica radical ni ningún concepto teórico revolucionario, sino la consistencia extraordinaria de su ejecución. En una cultura caracterizada por la superficialidad y la dispersión, Mos Riera demuestra lo que es posible mediante la atención sostenida y el compromiso a largo plazo.
Cada proyecto individual es ya significativo: un fotodiario, un cuaderno de dibujos, un año de poemas. Pero es en su conjunto, en su multiplicidad complementaria, donde estos proyectos revelan su verdadero alcance. Lo que Mos Riera está construyendo es nada menos que una enciclopedia personal, un autorretrato total realizado no mediante la confesión psicológica sino mediante la documentación meticulosa de prácticas culturales.
Este autorretrato no es narcisista. No busca la exposición del yo privado, la revelación de intimidades, el espectáculo de la personalidad. Es más bien un autorretrato objetivo, construido mediante la acumulación de gestos, elecciones, atenciones. Somos lo que hacemos repetidamente, dijo Aristóteles. Los proyectos 365 son una demostración de esta verdad: la identidad no es una esencia preexistente sino el resultado de prácticas sostenidas en el tiempo.
Para el espectador o visitante de estos proyectos, hay múltiples niveles de compromiso posible. Se puede simplemente apreciar la calidad individual de las piezas: las fotografías bien compuestas, los dibujos hábiles, los poemas bien logrados. Se puede admirar la disciplina requerida para mantener estas prácticas. Se puede usar los proyectos como recursos: la lista de libros como guía de lectura, las citas como fuente de inspiración, la música como descubrimiento de nuevos artistas.
Pero el nivel más profundo de compromiso implica tomar estos proyectos como invitación y desafío. La invitación es a desarrollar las propias prácticas creativas diarias, a experimentar personalmente lo que significa comprometerse con una disciplina artística sostenida. El desafío es a mantener esa práctica a través del tiempo, a través de las dificultades inevitables, a través de los momentos de duda y desánimo.
En este sentido, los proyectos 365 no son solo obras de arte para contemplar, sino modelos de práctica para emular. Son pedagogía mediante ejemplo, enseñanza mediante demostración. Demuestran que el arte no es un regalo mágico reservado para unos pocos elegidos, sino una práctica accesible a cualquiera dispuesto a comprometerse con ella.
La metáfora que mejor captura estos proyectos es quizás la arquitectura. Así como un edificio se construye ladrillo a ladrillo, día a día, mediante la acumulación paciente de pequeñas acciones que eventualmente generan una estructura compleja, los proyectos 365 construyen arquitecturas temporales. Cada día es un ladrillo, cada proyecto anual es una estructura, el conjunto de todos los proyectos es un edificio completo: el edificio de una vida vivida creativamente.
Esta arquitectura del tiempo es también una respuesta a la crisis temporal de nuestra época. Vivimos en un presente perpetuo, sin profundidad histórica, sin proyección hacia el futuro. El pasado se borra constantemente, el futuro es impensable. Los proyectos 365 insisten en la duración, en la continuidad, en la posibilidad de construir estructuras temporales significativas. Cada año completado es una demostración de que el tiempo puede dominarse, organizarse, convertirse en forma.
Al final, lo que los proyectos 365 de Alejandro Mos Riera demuestran es una verdad simple pero profunda: que cada día importa, que cada momento puede ser ocasión de atención y creatividad, que es posible vivir artísticamente sin dramatismo ni espectacularidad, simplemente mediante el compromiso diario con prácticas que alimentan el espíritu.
En palabras que resuenan con la cita de Goethe que abre estos proyectos: una vida bien vivida es aquella donde cada día incluye algo de belleza, algo de pensamiento, algo de expresión. Los proyectos 365 no son solo una demostración de que esto es posible, sino una invitación permanente a intentarlo. Son un recordatorio de que tenemos 365 días cada año, y que cada uno de ellos puede ser una oportunidad de crear, de observar, de pensar, de sentir plenamente.
La disciplina del instante, practicada consistentemente, construye la arquitectura del tiempo. Y esa arquitectura, esa estructura de momentos atendidos y registrados, es finalmente lo único que tenemos contra el olvido, contra la dispersión, contra la insignificancia que amenaza constantemente con absorberlo todo. Los proyectos 365 de Alejandro Mos Riera son una forma de resistencia: la resistencia paciente, acumulativa, diaria, de quien insiste en que la vida puede ser, debe ser, una obra de arte.
Una arqueología del presente
En una época caracterizada por la saturación informativa y el consumo fragmentado de contenidos, los proyectos 365 de Alejandro Mos Riera emergen como una contrapropuesta radical: la construcción del sentido a través de la acumulación cotidiana, la transformación del tiempo en materia artística y cultural. Este conjunto de iniciativas, que el propio artista denomina "Canon 365 días", constituye un ambicioso proyecto de patrimonio cultural digital que desafía nuestra relación con el arte, la memoria y el paso del tiempo.
La premisa es aparentemente simple: una práctica diaria durante 365 días. Sin embargo, en esa simpleza reside una complejidad filosófica y estética que merece ser explorada. Alejandro Mos Riera no se limita a un solo proyecto, sino que despliega múltiples vertientes de esta metodología: 365 días de libros, 365 días de arte, 365 palabras esenciales del español, 365 grandes citas, 365 días de música, 365 días de viaje, un fotodiario con una fotografía diaria, "A year in photographs" con diez fotografías por día, 365 art films, un diario sonoro con canciones, poesía diaria, y un cuaderno de 365 dibujos.
Esta multiplicación de proyectos paralelos no es casual ni arbitraria. Responde a una visión integral de la experiencia humana, a un entendimiento de que la vida se despliega simultáneamente en múltiples registros y que cada uno de estos registros merece su propia atención, su propia forma de documentación y expresión. El artista se convierte en una especie de polígrafo existencial, inscribiendo simultáneamente las múltiples frecuencias de la existencia.
La cita de Goethe como manifiesto
No es casual que el proyecto esté presidido por la célebre cita de Johann Wolfgang von Goethe: "Todos los días deberíamos oír un poco de música, leer una buena poesía, contemplar un cuadro hermoso y si es posible, decir algunas palabras sensatas." Esta frase funciona como un manifiesto, como una declaración de principios que articula la filosofía subyacente a toda la obra de Mos Riera.
Goethe propone una pedagogía de lo cotidiano, una ética del cultivo diario del espíritu. No se trata de grandes gestos esporádicos, sino de la construcción paciente de una sensibilidad estética a través de la repetición y la constancia. Los proyectos 365 de Mos Riera llevan esta idea a su máxima expresión, transformando la intuición romántica del poeta alemán en una praxis contemporánea, mediada por las posibilidades del medio digital.
Pero hay algo más en esta elección. La cita de Goethe no solo habla de consumo cultural (oír, leer, contemplar), sino también de producción (decir palabras sensatas). Esta doble dimensión de recepción y creación es fundamental en los proyectos de Mos Riera. No se trata solo de documentar el consumo cultural diario, sino de transformar ese consumo en creación, de metabolizar la experiencia cultural en obra propia.
La figura de Goethe, además, no es inocente. Goethe encarna el ideal del genio universal, del hombre completo que domina múltiples disciplinas: poeta, novelista, dramaturgo, científico, político, filósofo. Al invocar a Goethe, Mos Riera se inscribe en esa tradición de universalismo cultural, aunque adaptada a las posibilidades y limitaciones de nuestro tiempo. Si Goethe pudo aspirar al conocimiento total en una época donde eso aún parecía posible, Mos Riera practica un universalismo humilde, consciente de sus límites, pero no por ello menos ambicioso en su alcance.
El tiempo como lienzo
Uno de los aspectos más fascinantes de estos proyectos es su relación con el tiempo. El formato 365 días no es arbitrario: corresponde al ciclo solar, al año como unidad fundamental de medición temporal en nuestra cultura. Al estructurar sus proyectos en torno a esta duración, Mos Riera convierte el calendario en una estructura narrativa, en un marco compositivo.
Cada día se convierte en una celda, en un espacio contenedor que debe ser llenado con una pieza específica: una fotografía, un dibujo, una canción, un poema. Esta serialidad impone una disciplina creativa rigurosa. No hay espacio para la inspiración caprichosa o el genio espontáneo; la obra debe producirse día tras día, independientemente del estado anímico, de las circunstancias externas, de los altibajos inherentes a cualquier práctica artística.
Esta metodología recuerda a otras tradiciones artísticas basadas en la repetición y la acumulación. Pensemos en la práctica zen del sumi-e, donde la maestría se alcanza a través de miles de pinceladas repetidas, o en las series fotográficas de Bernd y Hilla Becher, que documentaron estructuras industriales con una consistencia casi obsesiva. En todos estos casos, la repetición no es mera redundancia, sino un método de profundización, una forma de extraer verdad de la insistencia.
Pero el tiempo en los proyectos 365 no es solo un marco formal, es también el tema mismo de la obra. Lo que estos proyectos documentan, en última instancia, es el paso del tiempo, la transformación gradual que opera en el artista y en el mundo a lo largo de un año. Cada fotografía, cada dibujo, cada poema, es un marcador temporal, una evidencia de que ese día existió, de que algo sucedió.
Esta función de marcaje temporal adquiere especial relevancia en nuestra época. Vivimos en un presente perpetuo, en un flujo continuo de información que borra constantemente sus propias huellas. El pasado se vuelve inmediatamente inaccesible, no porque esté lejos, sino porque está enterrado bajo capas y capas de nuevo contenido. Los proyectos 365 funcionan como una forma de resistencia a esta amnesia estructural. Al marcar cada día, al darle un contenido específico y memorable, el artista construye una cadena de memoria que le permite recuperar el tiempo que de otro modo se perdería en el flujo indiferenciado.
La multidisciplinariedad como cosmovisión
Lo verdaderamente notable de los proyectos 365 de Mos Riera es su ambición multidisciplinaria. No se contenta con explorar un solo medio o lenguaje artístico, sino que despliega simultáneamente múltiples frentes: fotografía, dibujo, poesía, música, cine, literatura, citas filosóficas. Esta diversidad no es arbitraria ni dispersa; responde a una visión holística de la cultura y del conocimiento.
En su conjunto, estos proyectos funcionan como una suerte de enciclopedia personal, un intento de mapear el territorio completo de la experiencia estética humana. Al igual que los humanistas del Renacimiento aspiraban al ideal del "homo universalis", el individuo versado en todas las artes y ciencias, Mos Riera practica una forma contemporánea de universalismo cultural, aunque despojada de las pretensiones totalizadoras de antaño.
Esta multiplicidad de medios también refleja la naturaleza fragmentada de la experiencia contemporánea. Vivimos en una época de interfaces múltiples, de atención distribuida, de consumo cultural ecléctico. Los proyectos 365 no ignoran esta realidad, sino que la incorporan como parte de su estrategia estética.
La diversidad de formatos es tanto un reflejo de la complejidad cultural contemporánea como un intento de ordenarla, de darle estructura y sentido.
Cada medio tiene sus propias posibilidades expresivas, sus propias formas de capturar y transmitir experiencia. La fotografía capta el instante visual, el dibujo expresa el gesto de la mano pensante, la poesía condensa el lenguaje en su máxima intensidad, la música articula lo inefable, el cine sintetiza tiempo y espacio en movimiento. Al practicar todos estos medios simultáneamente, Mos Riera genera una suerte de sensorium total, una captura multidimensional de la experiencia.
Pero esta multidisciplinariedad también plantea desafíos. ¿Es posible mantener la excelencia en tantos frentes simultáneamente? ¿No hay un riesgo de dilución, de superficialidad? Estas preguntas son legítimas, pero quizás malformuladas. El objetivo de los proyectos 365 no es necesariamente la maestría técnica en cada disciplina, sino la construcción de una práctica integral, de un modo de vida donde el arte permea todos los aspectos de la existencia. La excelencia que se busca no es técnica sino existencial: la capacidad de vivir artísticamente, de hacer de cada día una obra.
El archivo como obra de arte
Desde una perspectiva conceptual, los proyectos 365 pueden entenderse como ejercicios de construcción de archivo. Cada proyecto genera un corpus de materiales que, en su conjunto, conforman una colección, un repositorio de sensibilidad estética y cultural. Este aspecto archivístico conecta el trabajo de Mos Riera con toda una tradición artística contemporánea interesada en la documentación, la clasificación y la memoria.
El archivo, en la obra de Mos Riera, no es un simple depósito pasivo de información, sino un espacio activo de producción de significado. La selección diaria de qué fotografía tomar, qué canción incluir, qué poema escribir, constituye un acto de curaduría continua. El artista se convierte en archivista de su propia experiencia, en historiador de su presente.
Esta práctica de archivo tiene también una dimensión de resistencia. En una cultura dominada por la obsolescencia programada, por el flujo incesante de contenidos que se consumen y se descartan, la construcción paciente de un archivo permanente constituye un gesto político. Es una forma de insistir en la duración, en la permanencia, en la posibilidad de que el presente devenga memoria.
El concepto de archivo ha sido teorizado extensamente en el contexto del arte contemporáneo. Hal Foster habló del "impulso archivístico" como una tendencia central del arte desde los años noventa. Para Foster, este impulso responde a una doble crisis: por un lado, la crisis de la memoria histórica en una época de aceleración informativa; por otro, el agotamiento de los paradigmas vanguardistas basados en la ruptura y la innovación radical. El artista archivista no busca inventar formas radicalmente nuevas, sino organizar, preservar y recontextualizar lo existente.
Los proyectos 365 de Mos Riera participan de este impulso, pero con una particularidad: no se trata de archivar un pasado remoto o materiales ajenos, sino el presente propio, la experiencia inmediata. Es un archivo en tiempo real, una memoria que se construye simultáneamente a los eventos que registra. Esta simultaneidad es crucial: implica que el acto de archivar no es posterior a la experiencia, sino constitutivo de ella. La experiencia se vive ya como archivo, como algo que será recordado, preservado, revisitado.
La poesía de lo cotidiano
El proyecto "Poesía, cada día" merece una atención especial, ya que encarna de manera particularmente clara la filosofía general de los proyectos 365. El subtítulo es revelador: "Poesía necesaria, cada día, como el aire, de nuestro tiempo." Esta formulación equipara la poesía con una necesidad vital, con algo tan esencial como la respiración.
La idea de una poesía cotidiana, de una práctica poética diaria, tiene una larga tradición. Desde los haikus zen escritos como ejercicio espiritual hasta los "poemas de todos los días" de la poesía coloquial latinoamericana, existe una corriente que rechaza la imagen del poema como producto excepcional del genio y lo reivindica como práctica ordinaria, como herramienta de comprensión y articulación de la experiencia.
En el contexto de Mos Riera, la poesía diaria funciona como una forma de pensamiento. Cada día se cristaliza en un poema, cada experiencia encuentra su condensación verbal. La acumulación de estos poemas a lo largo de un año genera un diario lírico, un autorretrato fragmentado en instantáneas verbales.
La frase "de nuestro tiempo" también es significativa. Implica que la poesía no es una práctica atemporal o universal, sino históricamente situada, respondiendo a las condiciones específicas de nuestra época. ¿Qué significa escribir poesía en el siglo XXI? ¿Qué función puede cumplir la poesía en una cultura dominada por la imagen y la velocidad?
La respuesta de Mos Riera parece ser que la poesía sigue siendo necesaria precisamente por su capacidad de condensación, de síntesis, de expresión de lo esencial. En un mundo saturado de información, la poesía ofrece densidad frente a la dispersión, concentración frente a la distracción, profundidad frente a la superficialidad. El poema diario funciona como un ancla, como un punto de condensación donde el flujo de experiencias se cristaliza en forma.
La tradición del diario poético tiene ilustres precedentes. Pensemos en el "Diario del poeta recién casado" de Juan Ramón Jiménez, donde la experiencia de un viaje transatlántico se transforma en una sucesión de poemas que registran no solo los eventos externos sino los estados interiores del poeta. O en los "Cuadernos de Lausana" de Rainer Maria Rilke, donde la poesía se mezcla con anotaciones, reflexiones y observaciones cotidianas.
En todos estos casos, el diario poético funciona como un espacio de autoinvención, como un laboratorio donde el yo se construye y reconstruye día a día a través del lenguaje. No se trata de expresar un yo preexistente, sino de hacer emerger ese yo a través de la práctica de la escritura. La identidad no precede a la escritura, sino que se genera en ella.
La imagen como evidencia
Los proyectos fotográficos de Mos Riera, particularmente el "Fotodiario" y "A year in photographs", plantean interesantes cuestiones sobre la relación entre fotografía, tiempo y verdad. La fotografía tiene una relación privilegiada con el tiempo: capta el instante, lo fija, lo sustrae del flujo. Roland Barthes, en "La cámara lúcida", habló del "ça a été" de la fotografía, de su capacidad de testimoniar que algo estuvo ahí, que realmente ocurrió.
Al comprometerse a realizar una fotografía cada día, Mos Riera convierte su práctica fotográfica en una forma de crónica visual. No se trata de capturar los grandes momentos, las ocasiones extraordinarias, sino de construir un registro del tiempo ordinario, de los días comunes. En este sentido, su práctica se acerca al trabajo de artistas como Nan Goldin o Larry Sultan, que han utilizado la fotografía para documentar la textura íntima de lo cotidiano.
El proyecto "A year in photographs" lleva esta lógica más lejos al proponer diez fotografías por día. Esta multiplicación cuantitativa no es trivial: implica una mirada más fragmentada, más multifacética. No se trata de elegir la imagen que representa el día, sino de generar un conjunto de imágenes que, en su multiplicidad, capturan diferentes aspectos, diferentes momentos, diferentes perspectivas.
La película de cinearte "A YEAR IN PHOTOGRAPHS" (2024) condensa este proyecto en una forma cinematográfica, transformando la sucesión de imágenes estáticas en un flujo temporal. Esta traducción de medio es significativa: la fotografía, que congela el tiempo, se anima al ser secuenciada, revelando que la acumulación de instantes puede reconstruir la duración. El resultado es una forma híbrida, ni puramente fotográfica ni puramente cinematográfica, sino algo intermedio: una fotografía en movimiento, un cine hecho de stillness.
Esta hibridación de medios es característica de la práctica artística contemporánea. Las fronteras entre fotografía y cine, entre imagen fija e imagen en movimiento, se han vuelto cada vez más porosas. Artistas como Chris Marker en "La Jetée" o Harun Farocki en sus instalaciones han explorado estas zonas fronterizas, generando formas expresivas que no pertenecen plenamente a ningún medio tradicional.
La fotografía diaria también plantea la cuestión de la selección. De todos los momentos posibles de un día, ¿cuál merece ser fotografiado? Esta pregunta no tiene una respuesta técnica o formal, sino existencial. La elección de qué fotografiar revela qué consideramos significativo, qué captura nuestra atención, qué creemos que merece ser recordado. En este sentido, el fotodiario no solo documenta el mundo exterior, sino que revela la subjetividad del fotógrafo, su escala de valores, su forma de habitar el mundo.
El arte como periodismo, el periodismo como arte
Los "365 Art Films" plantean una fusión entre arte y periodismo particularmente interesante. El proyecto se define como "videojournalism art films project", una designación híbrida que desafía las categorías establecidas. ¿Qué significa practicar el periodismo como arte? ¿O el arte como forma de periodismo?
Esta confusión de categorías es productiva. Sugiere que la documentación de la realidad cotidiana, cuando se realiza con rigor estético y conceptual, puede trascender la mera información para convertirse en obra de arte. Al mismo tiempo, implica que el arte no necesita desvincularse de lo real, que puede alimentarse directamente de la experiencia diaria sin perder su condición artística.
El formato de 24 horas continuas (mencionado como "24 hours art film") añade otra capa de complejidad. Implica una inmersión total, una voluntad de capturar la totalidad de un día, sin ediciones ni omisiones. Esta ambición totalista contrasta con la fragmentación que caracteriza los otros proyectos, sugiriendo que dentro del universo 365 coexisten diferentes estrategias de captura de lo real.
La idea de una película de 24 horas tiene precedentes fascinantes en la historia del cine experimental. Christian Marclay en "The Clock" (2010) creó una videoinstalación de 24 horas que sincroniza fragmentos de películas con el tiempo real del espectador. Cada momento del día está representado por escenas de películas que muestran relojes marcando esa hora exacta. El resultado es una meditación sobre el tiempo cinematográfico y el tiempo real, sobre cómo el cine representa y manipula la duración.
En el contexto de Mos Riera, la película de 24 horas parece responder a una voluntad de exhaustividad, de captura total. Si los otros proyectos seleccionan un momento o aspecto del día (una fotografía, un dibujo, un poema), aquí la ambición es capturar el día completo, en toda su duración. Es una forma de realismo radical, un intento de hacer que la representación coincida con lo representado en su extensión temporal.
Pero esta coincidencia es, por supuesto, imposible. Incluso una película de 24 horas es una selección, una construcción, una interpretación. La cámara no puede estar en todos lados simultáneamente, el montaje introduce necesariamente una perspectiva. Lo que tenemos, entonces, no es el día mismo, sino una versión del día, filtrada a través de la sensibilidad y las decisiones del artista.
Esta imposibilidad de la captura total es, quizás, el verdadero tema del proyecto. No se trata de lograr una representación exhaustiva (imposible), sino de explorar los límites de la representación, de hacer visible la brecha entre la experiencia vivida y su documentación. El proyecto de las 24 horas funciona como una hipérbole metodológica, llevando la lógica documental a su extremo para revelar, paradójicamente, sus limitaciones.
La música como diario emocional
El "Diario sonoro", con su propuesta de una canción nueva cada día durante un año, introduce la dimensión auditiva en este ecosistema multimediático. La música tiene una relación particular con la memoria y la emoción. Ciertos sonidos, ciertas melodías, quedan asociados de manera indeleble con momentos específicos de nuestra vida. Al construir un diario musical, Mos Riera está creando un mapa afectivo de un año.
La especificación de que debe ser "una canción nueva" cada día añade un elemento de descubrimiento, de exploración continua del territorio sonoro. No se trata simplemente de documentar qué música escuchamos, sino de mantener una actitud de apertura hacia lo desconocido, de curiosidad permanente.
Este aspecto del proyecto conecta con la idea de la curaduría como práctica artística. El curador, en el arte contemporáneo, no es simplemente quien organiza exposiciones, sino quien construye narrativas a través de la selección y yuxtaposición de obras. El diario sonoro de Mos Riera funciona como una curaduría extendida en el tiempo, donde la secuencia de canciones genera un relato implícito, una trayectoria emocional e intelectual.
La música, más que cualquier otro medio artístico, tiene la capacidad de modular el estado anímico, de generar atmósferas emocionales. Pensemos en cómo una canción puede transformar instantáneamente nuestro humor, llevándonos de la melancolía a la alegría, de la agitación a la calma. Al seleccionar conscientemente qué música escuchar cada día, al hacer de esto una práctica deliberada, Mos Riera no solo documenta su vida emocional sino que la esculpe, la da forma.
Hay también una dimensión social en este proyecto. La música es uno de los principales medios de construcción de identidad cultural y generacional. Las canciones que escuchamos, los artistas que seguimos, los géneros que preferimos, nos sitúan en un mapa cultural, nos conectan con comunidades de oyentes, nos vinculan con tradiciones y movimientos. El diario sonoro es, en este sentido, también un documento de inscripción cultural, un registro de las
afiliaciones y pertenencias del artista.
La práctica de escuchar y recomendar música nueva cada día tiene precedentes en la cultura digital contemporánea. Los algoritmos de plataformas como Spotify generan listas de reproducción personalizadas con nuevas canciones cada día. Sin embargo, hay una diferencia crucial: en el caso de los algoritmos, la selección está automatizada, basada en patrones estadísticos de consumo. En el caso de Mos Riera, la selección es manual, reflexiva, intencional. Es una forma de resistir la automatización del gusto, de mantener una agencia crítica en la construcción de la experiencia estética.
El dibujo como pensamiento visual
El "Cuaderno de dibujos" con sus 365 piezas representa otra faceta de esta práctica diaria. El dibujo tiene una inmediatez que lo distingue de otras formas artísticas. Es la traducción más directa del gesto en forma, del pensamiento en línea. La práctica del dibujo diario ha sido fundamental para muchos artistas como forma de mantenimiento de habilidades, como gimnasia visual, como forma de pensar con las manos.
En la tradición de los cuadernos de artista, desde Leonardo da Vinci hasta Paul Klee, el dibujo funciona como laboratorio, como espacio de experimentación y registro. Los cuadernos contienen tanto estudios preparatorios para obras mayores como anotaciones visuales sin otro propósito que el registro de una observación o una idea. En este sentido, el cuaderno de dibujos de Mos Riera se inscribe en una larga tradición de pensamiento visual.
El dibujo tiene una cualidad performativa. A diferencia de la fotografía, que captura algo preexistente, el dibujo genera algo nuevo. La línea que traza la mano no estaba ahí antes del gesto; emerge en el momento mismo del dibujar. Esta emergencia conecta el dibujo con el tiempo de una manera particular: no es la representación de un instante pasado (como la fotografía), sino la inscripción de un presente continuo, el registro del proceso mismo de su creación.
La obligación de dibujar cada día plantea desafíos específicos. A diferencia de la fotografía, donde siempre hay algo que fotografiar (el mundo está siempre ahí, visible), el dibujo requiere una decisión más activa sobre qué representar. No se trata solo de mirar, sino de construir. Esta construcción puede partir de la observación (un dibujo del natural), pero puede también ser puramente imaginativa (un dibujo de invención).
La tradición del dibujo diario ha sido reivindicada por muchos artistas como práctica formativa. El dibujante holandés Danny Gregory, por ejemplo, ha promovido el "sketching diario" como una forma de mindfulness, de atención plena al mundo visible. La idea es que dibujar obliga a ver de verdad, a prestar atención a los detalles que normalmente pasamos por alto. El dibujo se convierte así en una práctica de percepción, en un entrenamiento de la mirada.
En el contexto de los proyectos 365, el dibujo añade una dimensión táctil, corporal, que no está presente en la fotografía o el video. El dibujo requiere el contacto físico con el papel, el movimiento de la mano, la coordinación ojo-mano. Es una práctica encarnada, que involucra el cuerpo de una manera más directa que las tecnologías de captura de imagen. En una época cada vez más mediada por pantallas y dispositivos, esta dimensión táctil del dibujo tiene algo de resistencia, de insistencia en la materialidad del hacer artístico.
Los 365 días de libros: lecturas como cartografía interior
El proyecto "365 días de libros" propone una relación particular con la literatura. No se trata necesariamente de leer un libro completo cada día (lo que sería imposible para la mayoría de los lectores), sino más probablemente de registrar una lectura diaria, de documentar el recorrido lector a lo largo de un año. Este registro funciona como una cartografía de los intereses intelectuales y estéticos del artista.
Los libros que leemos nos definen de una manera profunda. Somos, en gran medida, lo que hemos leído. Nuestras ideas, valores, imaginarios, formas de pensar, están moldeados por los textos que han pasado por nuestras manos y por nuestra mente. Al documentar las lecturas de un año, Mos Riera está construyendo una suerte de autorretrato intelectual, un mapa de su paisaje interior.
La práctica del diario de lectura tiene una larga tradición. Desde los "lugares comunes" (commonplace books) del Renacimiento, donde los lectores copiaban citas y pasajes significativos, hasta los blogs de reseñas contemporáneos, existe toda una cultura de documentación y reflexión sobre la lectura. El diario de lectura no es solo un registro de qué se ha leído, sino también un espacio de procesamiento, de digestión intelectual de lo leído.
En la era digital, plataformas como Goodreads han industrializado esta práctica, permitiendo a millones de usuarios registrar sus lecturas, calificar libros, escribir reseñas. Sin embargo, estas plataformas también han transformado la lectura en un acto cuantificable, en un dato estadístico. El número de libros leídos al año se convierte en una métrica de productividad cultural, en un indicador de capital cultural.
El proyecto de Mos Riera participa de esta lógica cuantitativa (365 libros o entradas en un año es un número impresionante), pero la trasciende al inscribirla dentro de una práctica artística más amplia. No se trata solo de acumular libros leídos, sino de hacer de la lectura una práctica reflexiva, documentada, conectada con otras formas de expresión artística.
La selección de qué libros leer también es reveladora. ¿Se trata de literatura contemporánea o clásica? ¿Ficción o ensayo? ¿Poesía o prosa? ¿Autores canónicos o marginales? Cada una de estas decisiones construye una posición, define una relación con la tradición literaria y cultural. El canon personal que emerge de estas lecturas es tanto un reflejo del canon cultural más amplio como una desviación de él, una mezcla de adhesión y resistencia.
365 días de arte: educar la mirada
El proyecto "365 días de Arte" propone una inmersión sistemática en el mundo de las artes visuales. La práctica de contemplar una obra de arte cada día responde a la prescripción goethiana de "ver una pintura hermosa" cotidianamente. Pero más allá del cumplimiento de esta recomendación, el proyecto implica una educación de la mirada, un cultivo deliberado de la sensibilidad visual.
Ver arte no es un acto pasivo. Requiere atención, conocimiento, disposición. Una obra de arte no se entrega inmediatamente; es necesario saber mirarla, entender sus códigos, conectarla con otras obras, situarla en su contexto. La práctica diaria de contemplación artística funciona como un entrenamiento perceptivo, como una forma de afinar gradualmente la capacidad de ver y comprender.
Este proyecto también plantea la cuestión del acceso al arte. ¿De dónde provienen estas obras contempladas diariamente? En una época anterior, habría requerido visitar museos y galerías constantemente, lo que limitaría severamente quién podría realizar un proyecto así. La digitalización masiva de colecciones artísticas ha democratizado radicalmente el acceso al arte. Hoy es posible contemplar obras maestras del Prado, el Louvre, el Met, desde cualquier lugar del mundo, con una calidad de imagen que a veces supera lo que se puede ver en el museo real.
Sin embargo, esta accesibilidad también plantea problemas. La obra de arte en su reproducción digital pierde su presencia física, su escala real, su materialidad. Walter Benjamin, en su célebre ensayo "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica", analizó cómo la reproducción altera la naturaleza de la obra, despojándola de su "aura", de su unicidad espacio-temporal. El proyecto "365 días de Arte", al basarse necesariamente en gran medida en reproducciones digitales, participa de esta condición postaurática del arte contemporáneo.
Pero quizás esto no sea una pérdida, sino simplemente una transformación. El arte digital no reemplaza al arte material, sino que genera nuevas formas de relación con las obras. La posibilidad de ver obras de distintas épocas y culturas yuxtapuestas, de crear comparaciones y constelaciones imposibles en un museo físico, abre nuevas posibilidades de comprensión. El curador se libera de las limitaciones físicas y puede crear arqueologías visuales transhistóricas.
La selección de qué arte contemplar cada día es, nuevamente, un acto curatorial. ¿Se sigue un orden cronológico, recorriendo la historia del arte? ¿Se organiza temáticamente? ¿Se deja al azar o a la intuición del momento? Cada una de estas estrategias genera una experiencia diferente, un recorrido distinto por el territorio artístico.
365 palabras esenciales del español: lingüística como proyecto existencial
El proyecto "365 palabras esenciales del idioma español para hablar 365 días" propone una relación fascinante con el lenguaje. La idea de que existen palabras "esenciales", un vocabulario fundamental que permitiría comunicarse durante todo un año, plantea cuestiones profundas sobre la naturaleza del lenguaje y la comunicación.
¿Cuáles son las palabras verdaderamente esenciales? ¿Aquellas de uso más frecuente estadísticamente? ¿O aquellas que designan conceptos fundamentales, irreductibles a otras palabras? Esta distinción no es trivial. Las palabras más frecuentes en un idioma suelen ser palabras funcionales (artículos, preposiciones, conjunciones) que estructuran el discurso pero tienen poco contenido semántico. Las palabras "esenciales" en un sentido filosófico podrían ser aquellas que nombran experiencias humanas fundamentales: amor, muerte, tiempo, dolor, alegría.
El proyecto de Mos Riera puede leerse como una exploración de esta esencialidad. Al seleccionar una palabra cada día, el artista está realizando un acto de discriminación lingüística, decidiendo qué merece ser destacado, qué palabras constituyen el núcleo irreducible del idioma. Esta selección construye implícitamente una teoría sobre el lenguaje y la experiencia.
La limitación a 365 palabras también tiene resonancias con experimentos lingüísticos minimalistas. Pensemos en el Basic English, un subconjunto del inglés de solo 850 palabras diseñado por C.K. Ogden como lengua auxiliar internacional. O en el Newspeak de Orwell en "1984", un lenguaje reducido diseñado para limitar el pensamiento. Estos experimentos demuestran que es posible comunicarse con vocabularios limitados, pero también que cada reducción del lenguaje es una reducción del mundo pensable.
¿Qué sucede cuando nos limitamos a 365 palabras? ¿Descubrimos la esencia del lenguaje o empobrecemos nuestra capacidad expresiva? La respuesta probablemente depende de cómo se utilicen esas palabras. Un vocabulario limitado en manos de un poeta puede ser infinitamente expresivo, mientras que un vocabulario extenso usado mecánicamente resulta estéril.
El proyecto también invita a una reflexión sobre la especificidad cultural del lenguaje. Estas son palabras esenciales del español, no del lenguaje en general. Cada lengua recorta el mundo de manera diferente, crea sus propias categorías, sus propios énfasis. Hay experiencias que algunas lenguas pueden expresar con una sola palabra y otras requieren perífrasis. La selección de palabras esenciales del español es también una cartografía de la cosmovisión hispánica, de cómo esta cultura particular nombra y estructura la realidad.
365 grandes citas, aforismos y proverbios: sabiduría condensada
El proyecto "365 grandes citas, aforismos y proverbios" se inscribe en una tradición antiquísima de literatura sentenciosa. Desde los proverbios bíblicos hasta las máximas de La Rochefoucauld, desde los aforismos de Nietzsche hasta los haikus zen, existe toda una tradición literaria que privilegia la brevedad, la densidad semántica, la capacidad de condensar sabiduría en formulaciones memorables.
El aforismo es una forma literaria peculiar. A diferencia del ensayo o el tratado, que desarrollan ideas extensamente, el aforismo presenta la idea ya destilada, reducida a su esencia. Esta condensación requiere maestría: cada palabra debe ser necesaria, cada formulación debe resonar más allá de sí misma. Un buen aforismo es como una semilla: contiene potencialmente todo un árbol de pensamiento.
La práctica de leer un aforismo por día tiene precedentes en diversas tradiciones espirituales. Los libros de meditaciones diarias, populares en muchas tradiciones religiosas, funcionan según esta lógica: una breve sentencia para meditar cada día, una semilla de pensamiento que acompaña la jornada. El proyecto de Mos Riera seculariza esta práctica, trasladándola del ámbito religioso al cultural-filosófico.
La selección de las citas es crucial. ¿Qué hace que una cita sea "grande"? ¿Su belleza formal? ¿Su profundidad filosófica? ¿Su aplicabilidad práctica? ¿Su capacidad de iluminación súbita? Probablemente una combinación de todo esto. Las grandes citas son aquellas que resisten múltiples lecturas, que revelan nuevas dimensiones cada vez que se las considera, que permanecen activas en la memoria.
Hay también una dimensión social en las citas. Citar es invocar autoridad, convocar testigos. Cuando citamos a Goethe, a Nietzsche, a Borges, estamos movilizando el peso cultural de estos nombres, inscribiendo nuestro discurso en una tradición. Las citas funcionan como marcadores de afiliación intelectual, como formas de situarse en un mapa cultural.
En la era digital, las citas han proliferado de manera exponencial. Redes sociales como Instagram están inundadas de citas inspiracionales, a menudo sobre fondos de atardeceres o paisajes naturales. Esta proliferación ha llevado a una cierta degradación del género: muchas citas circulan descontextualizadas, atribuidas erróneamente, simplificadas hasta la banalidad. El proyecto de Mos Riera puede leerse como un intento de recuperar la dignidad del aforismo, de tratar las citas no como decoración motivacional sino como objetos de pensamiento serio.
365 días de música: la banda sonora de una vida
Ya hemos discutido el "Diario sonoro", pero el proyecto "365 días de música" merece consideración adicional por cómo propone una relación sistemática con el universo sonoro. La música, quizás más que cualquier otro arte, tiene la capacidad de estructurar temporalmente nuestra experiencia. Pensamos la música como algo que sucede en el tiempo, pero también la música organiza nuestro tiempo, crea ritmos y duraciones, momentos de tensión y resolución.
La idea de una música para cada día del año tiene resonancias litúrgicas. En la tradición católica, cada día tiene sus propios cantos, sus antífonas específicas. El año litúrgico es también un año musical, donde el calendario determina qué música debe sonar. El proyecto de Mos Riera puede verse como una secularización de esta práctica, una creación de un calendario musical personal.
La música también funciona como marcador de memoria de manera particularmente potente. Existe toda una rama de la neurociencia dedicada a estudiar la relación entre música y memoria. Las canciones quedan asociadas con momentos específicos de nuestra vida de una manera casi involuntaria. Escuchar una canción años después puede transportarnos instantáneamente al momento en que la escuchamos por primera vez, con una vividez que supera a otros disparadores de memoria.
Al construir un diario musical, al documentar qué música acompaña cada día, Mos Riera está creando un dispositivo mnemotécnico extraordinariamente potente. Años después, escuchar la canción del día 127, por ejemplo, podría evocar no solo ese día específico sino toda la atmósfera de ese periodo de su vida.
La diversidad musical contemporánea también es relevante. Vivimos en una época de acceso sin precedentes a música de todas las épocas y culturas. Los servicios de streaming han puesto a nuestra disposición prácticamente toda la música grabada de la historia. Esta abundancia es tanto liberadora como abrumadora. ¿Cómo navegar este océano sonoro? ¿Cómo decidir qué escuchar?
El proyecto de una canción por día impone una disciplina, una forma de estructurar la exploración musical. No se trata de escuchar aleatoriamente lo que los algoritmos recomiendan, sino de tomar decisiones conscientes, de construir activamente el propio paisaje sonoro.
365 días de viaje alrededor del mundo: geografía imaginaria
El proyecto "365 días de viaje alrededor del mundo" propone una forma particular de relación con el espacio y la geografía. No se trata necesariamente de viajar físicamente a un lugar diferente cada día (lo que sería logística y económicamente imposible para la mayoría), sino probablemente de un viaje imaginario, documental, virtual.
En la era digital, el viaje ha adquirido nuevas modalidades. Google Earth permite sobrevolar cualquier punto del planeta. Los videos de viaje en YouTube ofrecen inmersiones visuales en lugares remotos. Los blogs de viajeros documentan experiencias en tiempo real. Es posible "viajar" sin moverse físicamente, acumulando conocimiento geográfico y cultural desde la propia habitación.
Esta forma de viaje virtual tiene precedentes históricos. En el siglo XVIII, antes de que el turismo masivo fuera posible, existía todo un género de "literatura de viajes" que permitía a los lectores visitar lugares exóticos sin salir de sus casas. Los relatos de exploradores, las descripciones geográficas, los grabados de paisajes lejanos, alimentaban la imaginación geográfica de quienes no podían viajar.
El proyecto de Mos Riera actualiza esta tradición con los medios contemporáneos. Un "día de viaje" podría consistir en leer sobre un lugar, ver videos, examinar fotografías, estudiar mapas, escuchar música local, leer literatura de ese lugar. Esta inmersión multimedia puede generar una comprensión profunda del lugar, quizás más profunda que una visita turística superficial.
Hay también una dimensión utópica en este proyecto. El viaje alrededor del mundo en 365 días recuerda a la novela de Julio Verne "La vuelta al mundo en ochenta días", donde el viaje funciona como aventura, como hazaña, como conquista del espacio por la velocidad. En el caso de Mos Riera, la conquista no es física sino cognitiva: se trata de abarcar mentalmente el globo, de construir una geografía interior que corresponda a la geografía exterior.
Este proyecto también puede leerse en relación con la globalización. Vivimos en un mundo cada vez más interconectado, donde las distancias se han reducido funcionalmente. Es posible comunicarse instantáneamente con cualquier punto del planeta, acceder a productos de todas las culturas, estar informado sobre eventos en lugares remotos. El proyecto del viaje diario es tanto un reconocimiento de esta globalización como una forma de darle estructura, de no dejar que la ubicuidad se convierta en indiferenciación.
La práctica como forma de vida: hacia una estética de la existencia
Finalmente, lo más significativo de los proyectos 365 de Alejandro Mos Riera es cómo proponen una forma de vida. No se trata solo de crear obras de arte, sino de estructurar la existencia entera alrededor de prácticas creativas. El arte no es algo que se hace ocasionalmente, en momentos de inspiración, sino una dimensión permanente de la vida cotidiana.
Michel Foucault, en sus últimos trabajos, habló de "estéticas de la existencia": formas de hacer de la propia vida una obra de arte. Esto no significa vivir de manera extravagante o espectacular, sino aplicar a la vida los principios de forma, disciplina, consistencia, que se aplican a la creación artística. Se trata de dar forma deliberada a la existencia, de no dejarse llevar pasivamente por las circunstancias sino de convertirse en artista de la propia vida.
Los proyectos 365 encarnan esta idea. La decisión de fotografiar cada día, escribir cada día, dibujar cada día, es una forma de dar estructura a la existencia, de crear un ritmo, una disciplina. Esta disciplina no es represiva sino productiva: no limita la libertad sino que crea las condiciones para que la creatividad florezca.
Hay una paradoja en la relación entre disciplina y creatividad que estos proyectos iluminan. Tendemos a pensar que la creatividad requiere libertad total, ausencia de restricciones. Pero la realidad es que demasiada libertad puede ser paralizante. Cuando todo es posible, es difícil decidir qué hacer. Las restricciones, las reglas autoimpuestas, pueden ser liberadoras porque focalizan la atención, eliminan opciones, fuerzan la inventiva dentro de límites definidos.
Los proyectos 365 imponen restricciones: hay que producir algo cada día, dentro de parámetros específicos (una fotografía, un dibujo, un poema). Pero dentro de estas restricciones hay inmensa libertad: qué fotografiar, cómo dibujarlo, sobre qué escribir, son decisiones abiertas. La restricción formal libera la inventiva sustantiva.
Esta forma de vida artística también tiene implicaciones éticas. Cultivar diariamente la sensibilidad estética, atender a la belleza, buscar la expresión precisa, son prácticas que transforman al practicante. No se puede mantener una disciplina así durante años sin que afecte profundamente cómo se percibe el mundo, cómo se piensa, cómo se valora la experiencia.
Los griegos tenían un concepto, techne tou biou, el arte de vivir. Veían la vida misma como algo que requería habilidad, práctica, cultivo. No asumían que simplemente vivir biológicamente era suficiente; era necesario aprender a vivir bien, a hacer de la vida algo digno, bello, significativo. Los proyectos 365 pueden entenderse como una forma contemporánea de este arte de vivir.
Conclusión: la disciplina del instante y la arquitectura del tiempo
Los proyectos 365 de Alejandro Mos Riera constituyen uno de los experimentos artísticos más ambiciosos y coherentes de documentación de la experiencia contemporánea. En su multiplicidad de formatos, en su rigor disciplinario, en su generosidad compartida, estos proyectos ofrecen un modelo de práctica artística que es simultáneamente íntimo y público, personal y colectivo, procesual y archivístico.
Lo que hace únicos estos proyectos no es ninguna innovación técnica radical ni ningún concepto teórico revolucionario, sino la consistencia extraordinaria de su ejecución. En una cultura caracterizada por la superficialidad y la dispersión, Mos Riera demuestra lo que es posible mediante la atención sostenida y el compromiso a largo plazo.
Cada proyecto individual es ya significativo: un fotodiario, un cuaderno de dibujos, un año de poemas. Pero es en su conjunto, en su multiplicidad complementaria, donde estos proyectos revelan su verdadero alcance. Lo que Mos Riera está construyendo es nada menos que una enciclopedia personal, un autorretrato total realizado no mediante la confesión psicológica sino mediante la documentación meticulosa de prácticas culturales.
Este autorretrato no es narcisista. No busca la exposición del yo privado, la revelación de intimidades, el espectáculo de la personalidad. Es más bien un autorretrato objetivo, construido mediante la acumulación de gestos, elecciones, atenciones. Somos lo que hacemos repetidamente, dijo Aristóteles. Los proyectos 365 son una demostración de esta verdad: la identidad no es una esencia preexistente sino el resultado de prácticas sostenidas en el tiempo.
Para el espectador o visitante de estos proyectos, hay múltiples niveles de compromiso posible. Se puede simplemente apreciar la calidad individual de las piezas: las fotografías bien compuestas, los dibujos hábiles, los poemas bien logrados. Se puede admirar la disciplina requerida para mantener estas prácticas. Se puede usar los proyectos como recursos: la lista de libros como guía de lectura, las citas como fuente de inspiración, la música como descubrimiento de nuevos artistas.
Pero el nivel más profundo de compromiso implica tomar estos proyectos como invitación y desafío. La invitación es a desarrollar las propias prácticas creativas diarias, a experimentar personalmente lo que significa comprometerse con una disciplina artística sostenida. El desafío es a mantener esa práctica a través del tiempo, a través de las dificultades inevitables, a través de los momentos de duda y desánimo.
En este sentido, los proyectos 365 no son solo obras de arte para contemplar, sino modelos de práctica para emular. Son pedagogía mediante ejemplo, enseñanza mediante demostración. Demuestran que el arte no es un regalo mágico reservado para unos pocos elegidos, sino una práctica accesible a cualquiera dispuesto a comprometerse con ella.
La metáfora que mejor captura estos proyectos es quizás la arquitectura. Así como un edificio se construye ladrillo a ladrillo, día a día, mediante la acumulación paciente de pequeñas acciones que eventualmente generan una estructura compleja, los proyectos 365 construyen arquitecturas temporales. Cada día es un ladrillo, cada proyecto anual es una estructura, el conjunto de todos los proyectos es un edificio completo: el edificio de una vida vivida creativamente.
Esta arquitectura del tiempo es también una respuesta a la crisis temporal de nuestra época. Vivimos en un presente perpetuo, sin profundidad histórica, sin proyección hacia el futuro. El pasado se borra constantemente, el futuro es impensable. Los proyectos 365 insisten en la duración, en la continuidad, en la posibilidad de construir estructuras temporales significativas. Cada año completado es una demostración de que el tiempo puede dominarse, organizarse, convertirse en forma.
Al final, lo que los proyectos 365 de Alejandro Mos Riera demuestran es una verdad simple pero profunda: que cada día importa, que cada momento puede ser ocasión de atención y creatividad, que es posible vivir artísticamente sin dramatismo ni espectacularidad, simplemente mediante el compromiso diario con prácticas que alimentan el espíritu.
En palabras que resuenan con la cita de Goethe que abre estos proyectos: una vida bien vivida es aquella donde cada día incluye algo de belleza, algo de pensamiento, algo de expresión. Los proyectos 365 no son solo una demostración de que esto es posible, sino una invitación permanente a intentarlo. Son un recordatorio de que tenemos 365 días cada año, y que cada uno de ellos puede ser una oportunidad de crear, de observar, de pensar, de sentir plenamente.
La disciplina del instante, practicada consistentemente, construye la arquitectura del tiempo. Y esa arquitectura, esa estructura de momentos atendidos y registrados, es finalmente lo único que tenemos contra el olvido, contra la dispersión, contra la insignificancia que amenaza constantemente con absorberlo todo. Los proyectos 365 de Alejandro Mos Riera son una forma de resistencia: la resistencia paciente, acumulativa, diaria, de quien insiste en que la vida puede ser, debe ser, una obra de arte.
“Every day one should at least hear one little song, read one good poem, see one fine painting and -- if at all possible -- speak a few sensible words.”
― Johann Wolfgang von Goethe
"Todos los días deberíamos oír un poco de música, leer una buena poesía, contemplar un cuadro hermoso y si es posible, decir algunas palabras sensatas."
— Johann Wolfgang von Goethe
¶ Months and days of the year
* Meses y días del año
http://www.memoria.world/days.html
¶ Canon 365 días:
Proyecto Digital de Patrimonio Cultural conservado por el periódico
“Art & Life For The Modern Times”, editado por Alejandro Mos Riera
https://bit.ly/3rLtRxB
* 365 días de libros
https://bit.ly/3p93IqH
* 365 días de Arte
https://bit.ly/3a8OPk0
* 365 palabras esenciales del idioma español para hablar 365 días
https://bit.ly/3aScnbT
* 365 grandes citas, aforismos y proverbios
https://bit.ly/2ZbET2B
* 365 días de música
https://bit.ly/372kNME
* 365 días de viaje alrededor del mundo
https://bit.ly/373BRSt
Blog:
https://forthemoderntimes.tumblr.com/
Fotodiario:
Diario de fotografías. Una foto cada día, durante un año.
https://fotodiario.tumblr.com/
A year in photographs:
Visual essay. Ten photographs a day in a year.
https://ayearinphotographs.tumblr.com/
https://www.behance.net/mosriera
¶ 365 Art Films:
365 days videojournalism art films project. 24 hours art film.
https://lavidadelosdias.tumblr.com/
¶ Diario sonoro:
Cuaderno sonoro. Una canción nueva, cada día, durante un año.
https://diariosonoro.tumblr.com/
¶ Poesía, cada día:
Poesía necesaria, cada día, como el aire, de nuestro tiempo.
Poemas de Alejandro Mos Riera
https://poesiacadadia.tumblr.com/
¶ Cuaderno de dibujos
Diario visual de Alejandro Mos Riera (365 dibujos)
https://todoslosdiasdibujos.tumblr.com/